“El Estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.” (P. Freire)
He decidido comenzar el tema con esta máxima freireana porque creo representa la primera aproximación a lo que sería para mí la evaluación. Lo aquí expuesto, tal como el tema ha sido planteado, es mi parecer acerca de la manera más justa de evaluar a un estudiante, ya que en nuestra formación como docentes aún no contamos con las herramientas y los criterios, es mas, con la preparación que tal acción requiere, porque la evaluación del aprendizaje de una persona no es algo que pueda tomarse con tal ligereza, porque implica aspectos fundamentales del desarrollo de los educandos. Tanto es así, que hoy en día la evaluación es uno de los ámbitos de la enseñanza que ha concentrado gran atención; en el país ésta ha representado o se había visto como una forma de averiguar y sancionar el aprendizaje, pero, a medida que se ha avanzado en materia educacional y se han realizado reformas a las maneras de enseñar, ha sido necesario también una ampliación en el campo de la evaluación.
Creo que un aspecto y una condición fundamental a la hora de evaluar es que el instrumento escogido para aplicarse sea coherente y consecuente con mi manera de enseñar, porque si en mis clases doy énfasis en la comprensión y en el análisis crítico de los contenidos, no puedo luego enfrentar a mis educandos a un instrumento de medición netamente memorístico, donde no existe el espacio de reflexión ni opinión propia. No sería justo para los alumnos ser evaluados de esta forma, y, además, sería inapropiado para la evaluación de mi proceder como docente, porque si evalúo de una forma en que yo no enseño, no podré saber si los estudiantes están logrando la comprensión de los contenidos; y una de las características de la evaluación es que debe detectar las dificultades de aprendizaje e identificar los fallos que existen en el modo de enseñar y de los procedimientos y estrategias pedagógicas utilizadas.[1]
Por lo tanto, la evaluación para que sea justa debe ir de acuerdo a las herramientas que he entregado a mis alumnos y a la forma en que he enseñado, pero no por esto quiero decir que mi proceder en el aula será la medida con la que evaluaré el aprendizaje, puesto que debo tener claro que no basta con “dar por pasada la materia”, puesto que esto no me asegura que los alumnos hayan internalizado los contenidos.
Los instrumentos de evaluación usados deben corresponderse con lo que se ha vivido en el aula, y deben estar estructurados de manera de no presentar ambigüedades que puedan confundir al estudiante, ya que las evaluaciones deben medir cosas importantes y no tratar de sorprender al alumno, ya que lo que busco es evaluar lo que han aprendido y no lo que no saben. Esta evaluación debiera considerar lo conceptual y lo procedimental, ya que de poco servirá al alumno tener conocimientos específicos en determinadas áreas si no sabe como formularlas y aplicarlas en sentido práctico. Importante es también que las evaluaciones sean continuas para registrar los avances del proceso de aprendizaje de cada alumno y evaluar cambios en sus conocimientos y en las destrezas que va desarrollando.
He decidido comenzar el tema con esta máxima freireana porque creo representa la primera aproximación a lo que sería para mí la evaluación. Lo aquí expuesto, tal como el tema ha sido planteado, es mi parecer acerca de la manera más justa de evaluar a un estudiante, ya que en nuestra formación como docentes aún no contamos con las herramientas y los criterios, es mas, con la preparación que tal acción requiere, porque la evaluación del aprendizaje de una persona no es algo que pueda tomarse con tal ligereza, porque implica aspectos fundamentales del desarrollo de los educandos. Tanto es así, que hoy en día la evaluación es uno de los ámbitos de la enseñanza que ha concentrado gran atención; en el país ésta ha representado o se había visto como una forma de averiguar y sancionar el aprendizaje, pero, a medida que se ha avanzado en materia educacional y se han realizado reformas a las maneras de enseñar, ha sido necesario también una ampliación en el campo de la evaluación.
Creo que un aspecto y una condición fundamental a la hora de evaluar es que el instrumento escogido para aplicarse sea coherente y consecuente con mi manera de enseñar, porque si en mis clases doy énfasis en la comprensión y en el análisis crítico de los contenidos, no puedo luego enfrentar a mis educandos a un instrumento de medición netamente memorístico, donde no existe el espacio de reflexión ni opinión propia. No sería justo para los alumnos ser evaluados de esta forma, y, además, sería inapropiado para la evaluación de mi proceder como docente, porque si evalúo de una forma en que yo no enseño, no podré saber si los estudiantes están logrando la comprensión de los contenidos; y una de las características de la evaluación es que debe detectar las dificultades de aprendizaje e identificar los fallos que existen en el modo de enseñar y de los procedimientos y estrategias pedagógicas utilizadas.[1]
Por lo tanto, la evaluación para que sea justa debe ir de acuerdo a las herramientas que he entregado a mis alumnos y a la forma en que he enseñado, pero no por esto quiero decir que mi proceder en el aula será la medida con la que evaluaré el aprendizaje, puesto que debo tener claro que no basta con “dar por pasada la materia”, puesto que esto no me asegura que los alumnos hayan internalizado los contenidos.
Los instrumentos de evaluación usados deben corresponderse con lo que se ha vivido en el aula, y deben estar estructurados de manera de no presentar ambigüedades que puedan confundir al estudiante, ya que las evaluaciones deben medir cosas importantes y no tratar de sorprender al alumno, ya que lo que busco es evaluar lo que han aprendido y no lo que no saben. Esta evaluación debiera considerar lo conceptual y lo procedimental, ya que de poco servirá al alumno tener conocimientos específicos en determinadas áreas si no sabe como formularlas y aplicarlas en sentido práctico. Importante es también que las evaluaciones sean continuas para registrar los avances del proceso de aprendizaje de cada alumno y evaluar cambios en sus conocimientos y en las destrezas que va desarrollando.
[1] Castro Rubilar, Nancy, y otros. Currículo y evolución educacional. Ediciones Universidad del Bío Bío. Chile. 2006.
1 comentario:
Estimada alumna tú calificación es la siguiente:
Te expresas y ordenas muy bien tu ensayo.
La coherencia y consecuencia, para evaluar, en un docente no son suficientes para hacer de esta actividad algo justo. Debe ser complementado con evaluaciones que apuntes a generar igual entre los estudiantes pero que al mismo tiempo aborden diferentes áreas de la inteligencia. Junto con esto, como tú lo mencionaste, la evaluación de proceso será trascendental por que allí se evaluara el esfuerzo por el estudiante, algo que fue olvidado por muchos de los que nos precedieron.
Potencia mas el diálogo con la audiencia.
Tu nota es un 80
Atte.
La Profesora
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