martes, 17 de junio de 2008

¿Qué características debe tener un profesor para ser un buen profesor?

  • No es mejor maestro el que sabe más, sino el que mejor enseña”. (Vanceli)
  • No se enseña bien sino lo que se hace y quien no investiga no enseña a investigar. Ramón y Cajal.
  • “Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia” (H.B. Adams)
  • “Si domas a un caballo con gritos, no esperes que te obedezca cuando le hables” (Dagobert D. Runes)


    El tema a reflexionar en esta ocasión, y como término al trabajo realizado, engloba la totalidad de los temas desarrollados anteriormente, ya que un buen docente debe, entre otras cosas, saber el porqué y el para qué de la educación, manejar estrategias de didáctica, y saber evaluar e integrar a todos sus estudiantes.
    Es ya sabido por todos el hecho de que los profesores marcan diferencias en sus alumnos y que influyen en el rendimiento de éstos, así como en su formación y desarrollo personal. Como ejemplo, tenemos que en la definición de Educador realizada por Luis Arturo Lemus, ya en la década de los ’70, se ve a éste como “la persona que ejerce la acción educativa y que influye en otra con propósitos de mejoramiento” 1. Todos tenemos, probablemente, el recuerdo de algún profesor o profesora que nos marcó con su ejemplo, y al que consideramos como un buen profesor. Asimismo, frecuentemente hablamos de que la Educación requiere de mejores profesionales, de BUENOS PROFESORES, pero ¿qué entendemos por un buen profesor o qué características debe tener éste?
    Primero que todo, según mi parecer, lo fundamental en la docencia es sentirse comprometido con su labor, lo que requiere vocación. Un profesor sin vocación será un trabajador más, que desempeña sus labores sólo por un sueldo, y que ve la educación como una obligación más que como un compromiso. Un buen docente debe sentirse ligado a su comunidad educativa y a la realidad de sus estudiantes, así como debe sentir amor por la disciplina que enseña. Lo anterior contribuirá a lograr un clima armonioso y favorable para el aprendizaje, y a la motivación de sus estudiantes.
    El profesor debe conocer muy bien los contenidos que enseña. Debe preparar sus clases y el material con que trabajará, es decir, no debe mostrar debilidades o ambigüedades que puedan confundir a sus estudiantes. Así, el Marco para la Buena Enseñanza, del Ministerio de Educación, (2) estipula que los conocimientos necesarios para un docente abarcan: Contenidos del campo disciplinario, de los alumnos a quienes va a educar, de los aspectos instrumentales de la docencia, del proceso de enseñanza y de las bases sociales de la educación. Según dicho marco, un buen profesor debe reconocer y comprender la realidad de sus educandos; debe poder establecer un ambiente propicio para el aprendizaje; debe analizar su práctica docente, teniendo habilidades de adaptación ante situaciones inesperadas y, por último, debe conocer el contexto educacional y social de la comunidad educativa de la que forma parte.
    Referente a estos últimos puntos, ya dijimos que el profesor debe reflexionar sistemáticamente sobre su práctica, analizar el día a día, lo que ocurre en el aula, el rendimiento de sus estudiantes, sus progresos, evaluar el resultado de su tarea y saber rectificar cuando es necesario; pero, además, debe construir relaciones profesionales y de equipo con sus colegas, ya que esto le permitirá poder abordar problemáticas de los estudiantes en conjunto y realizar tareas de orientación conociendo más profundamente a los educandos. También debe asumir responsabilidades en la orientación de sus alumnos, ya que debe asumir sus responsabilidades, no como mero transmisor de conocimientos, sino como formador de personas. No debe subestimarlos, debe ser exigente con ellos, de manera de incitarlos y motivarlos a la auto superación y a la investigación. Debe confiar en ellos, darles responsabilidades y hablar franca y abiertamente los temas relacionados con el desarrollo intelectual y humano de éstos.
    Resumiendo, dentro de las características que debe tener un buen profesor está el óptimo manejo de la disciplina que enseña, comunicando en forma clara y precisa los objetivos de aprendizaje. Debe contar con estrategias educativas, porque no sólo basta con saber el qué enseñar, sino que es fundamental saber también el cómo. Las estrategias de enseñanza deben ser desafiantes, coherentes y significativas para los estudiantes y tratar los contenidos en la clase con rigurosidad conceptual y realizando una transposición didáctica, para lograr hacer comprensible el saber erudito a los estudiantes. En cuanto a la evaluación de los estudiantes, realizará monitoreos constantes del proceso de comprensión y apropiación de los contenidos, así como de los avances y posibles deficiencias en el proceso, y entenderá la evaluación no como una manera de sorprender a los alumnos, sino como una retroalimentación. Establecerá un clima de aceptación, equidad, confianza, solidaridad y respeto en el aula, manteniendo normas de convivencia que permitan el desarrollo de las clases. En fin, pondrá atención a todas las áreas que lo ayudarán a realizar óptimamente su labor educadora.
1.-Lemus, Luis Arturo. Pedagogía, Temas Fundamentales. Editorial Kapelusz S.A. Argentina,1973.
2. Marco para la Buena Enseñanza. Ministerio de Educación. Chile.

sábado, 7 de junio de 2008

¿Qué acciones concretas realizarías para verificar tu buen desempeño como educador?

Quiero comenzar esta reflexión con las palabras que, el entonces Ministro de Educación, Sergio Bitar, presentaba el Marco para la Buena Enseñanza, donde expresaba que una profesión que tiene claros los parámetros de su óptimo ejercicio es reconocida y legitimada en la sociedad; afirmaba además el ministro que generar colegiadamente los criterios que caracterizan un buen desempeño a partir de la experiencia práctica y del conocimiento científico lleva a la profesión docente a alcanzar dicho nivel y aprecio. Estas palabras me parecen muy acertadas, ya que la docencia debe hacerse respetar y valorar por el importante rol que cumple en la sociedad, y para eso necesita, primero, que los profesores examinen sus propias prácticas de manera conciente, y autocrítica.

La evaluación del proceso enseñanza-aprendizaje implica la evaluación de la práctica docente, de lo que se experimenta dia a día en el aula, por sobre lo que podamos evaluar en un papel; porque es en la clase de todos los días en la que se vivencian experiencias nuevas, porque cada situación es particular, y como profesor se debe estar dispuesto a actuar sabiendo que cada acontecimiento en el aula es distinto, y que se deben enfrentar problemáticas en el área académica como en las relaciones personales dentro de un grupo curso, porque un profesor, sin duda, es mucho más que un transmisor de conocimientos y contenidos, es además, una persona que está formando personas.

Por lo anterior es que, a mi parecer, la respuesta a la interrogante que motiva esta reflexión debe abordar ambos ámbitos de la docencia: el referente a la entrega de conocimientos y formación académica de los estudiantes, y el de su desarrollo personal, porque, recalco, ambas son tareas que cumple hoy en dia el profesor.
Evaluar la labor académica de la práctica docente requiere un análisis del diseño y del desarrollo de las estrategias didácticas que utilizamos, además de los avances en los conocimientos de nuestros estudiantes. Entendiendo que la enseñanza es un proceso, se debe evaluar los avances que los educandos van adquiriendo, para lo que es necesario realizar pruebas de diagnóstico, que me permitan tener una base o una aproximación al estado en que éstos se encuentran, para identificar sus fortalezas y sus debilidades, y así diseñar e implementar las estrategias educativas para mis clases. Para evaluar y monitorear el proceso de comprensión de los contenidos por parte de los estudiantes, entendiendo que la educación es un proceso, es conveniente realizar evaluaciones formativas, que permitan verificar los avances logrados por los educandos, el logro de los objetivos planteados y descubrir las debilidades o falencias en dicho proceso, lo que permite al profesor corregir a tiempo los mecanismos que no estén siendo eficientes o adecuados al aprendizaje. Una buena herramienta para evaluar si el aprendizaje se está cumpliendo de la manera esperada por el profesor es el análisis del producto de los trabajos de los alumnos, ya sea guías o cuestionarios que, más que aprendizajes memorísticos, permitan ver si los educandos son capaces de comprender procesos y de saber formular las ideas y conocimientos adquiridos.

Otro mecanismo que permitirá al profesor verificar si sus estrategias didácticas dan los resultados esperados es realizar, clase a clase, al comenzar, una retroalimentación, o una lluvia de ideas, donde los alumnos sean capaces de sintetizar o presentar las ideas centrales de los contenidos vistos anteriormente, lo que ayudará al docente a evaluar si sus estrategias pedagógicas funcionan y si sus estudiantes están comprendiendo los contenidos.

Ahora bien, con los mecanismos mencionados anteriormente se puede verificar el desempeño del educador en el ámbito de la entrega de conocimientos, pero, como profesores debemos, además, verificar si estamos cumpliendo con el rol formativo que se nos ha encargado. Primero que todo, debemos verificar si somos capaces de establecer un ambiente de trabajo adecuado o propicio para el aprendizaje. Esto puedo evaluarlo teniendo en cuenta si en mis clases existen ciertos actitudes, como por ejemplo, la disposición a aprender por parte de los alumnos, lo que dará señales de una adecuada motivación por parte del docente; además, verificar si en el aula existe un clima de respeto, si los estudiantes pueden expresar sus opiniones y son capaces de respetar las de los demás, si existe una disciplina que, no teniendo que ser rigurosa, permita realizar la clase y asegure la reciprocidad entre el profesor y los alumnos. Importante es, sin duda, que el trabajo del profesor sea sistemático y organizado, por lo que un indicador del buen desempeño del docente será la organización en sus planificaciones y en la estructuración de sus clases, además de las evaluaciones que realiza.
El profesor tiene la resposabilidad de asumir la jefatura de un curso, tarea que no es menor, y que requiere de un compromiso; por ello el profesor debe evaluar si cumple este rol, analizando su apoyo a los alumnos en lo que respecta a su desarrollo personal. Esto puede hacerlo mediante indicadores tales como ver si en realidad conoce las fortalezas de sus estudiantes, si conoce las dicficultades de su grupo curso, si logra potenciar una comunicacón con ellos y si llega a sus alumnos con temas relevantes a la orientación del desarrollo socio afectivo de éstos. Aparte de todas las labores señaladas, el docente tiene la responsabilidad de ser el puente entre la comunidad educativa y los padres o apoderados de los estudiantes, para lo que debe informar a éstos sobre la situación de sus alumnos, las fortalezas y las dificultades. Como profesor debe evaluar si es capaz de tener una comunicación fluida con los apoderados, si tiene la capacidad de llegar a ellos y si puede informar de forma periódica la realidad de sus estudiantes.
Como hemos visto, la tarea de evaluar la practica docente aborda diversas áreas, debido a la complejidad de nuestra profesión, ya que no sólo debemos remitirnos a los resultados obtenidos en una prueba aplicada a nuestros alumnos, sino que se debe evaluar todo el proceso de enseñanza- aprendizaje.