El proceso de enseñanza-aprendizaje ya no es, como antaño, visto como mera reproducción de conocimientos; ya no se busca que los estudiantes sólo memoricen ciertos contenidos seleccionados y destinados a formar un hombre culto, como veía el enfoque academicista. Hoy se busca lograr un aprendizaje que sea realmente significativo, donde los nuevos conocimientos puedan ser relacionados con conceptos y vivencias del educando, de forma tal que se logre, además, una motivación de éste a aprender.
Pero lograr lo anterior, sin duda, no resulta simple, ya que la enseñanza está condicionada por una serie de elementos que deben considerarse a la hora de realizar la práctica docente, porque, por ejemplo, ¿será lo mismo hablar de urbanismo, de medios de comunicación, a niños de un área rural que a niños que han vivido toda su vida en una ciudad, con todos los servicios a su disposición? Sin duda, el contexto y las vivencias de nuestros estudiantes determinan su forma de entender y asimilar los conocimientos, y si como profesores creemos que los alumnos de un lugar y nivel socioeconómico alto son iguales a los de un estrato social bajo, y que responderan de igual forma, estaremos viendo la educación sólo como un producto.
Para lograr contar con este aprendizaje esperado debemos, como docentes, mantener un buen ambiente en el aula, analizando lo que sucede diariamente en la clase y buscando dar solución a las dificultades que se presenten mediante estrategias para establecer un buen trato y comunicación. Ahora, como establecemos, concretamente, este ambiente adecuado para el aprendizaje? Siguiendo a María Cobián Sánchez, el docente debe conocer y relacionarse con los alumnos, reconociendo el esfuerzo individual y el trabajo colectivo, y siendo conciente de la diversidad de capacidades y características de los alumnos, así como el entorno familiar de ellos. También debe, desde luego, tener un amplio dominio de los conocimientos que imparte, ya que esto le permitirá al estudiante descubrir y comprender procesos y crear escenarios de actividad para la construcción del aprendizaje. Lo anterior tiene real significado, pues, sólo manejando muy bien lo que enseñamos podremos guiar a nuestros alumnos a descubrir por sí sólos, ya que de lo contrario, los educandos se perderían en dicho proceso.
Es fundamental, además, que el docente conozca el plan y programa de estudios y determine si realizará cambios en él de acuerdo al contexto y características de sus alumnos. A lo anterior se añade que debe recurrirse a estrategias didácticas función de las necesidades que se vayan detectando. Es elemental tener en cuenta una adecuada distribución de los tiempos en el aula, del espacio y de la disciplina.
Teniendo estas condiciones de trabajo en el aula solo falta que el alumno tome una buena disposición para aprender y esté comprometido con el trabajo, recordando que la enseñanza es un proceso, y requiere de una interacción entre estudiante y docente.